Los cuatro Jinetes del Apocalipsis
John M. Gottman y Nan Silver. “Siete reglas de oro para vivir en pareja”
Resumen, Ps. Ximena De Laire F.
Todas las relaciones, incluso las más exitosas, tienen conflicto y estos son inevitables, sin embargo, el cómo se gestionan es lo que predice el éxito o el fracaso de una relación. Decimos “manejar” el conflicto en lugar de “resolver”, porque el conflicto en una relación es natural y tiene aspectos funcionales y positivos que brindan oportunidades para el crecimiento y la comprensión entre las personas. Hay problemas que simplemente no se resolverán debido a las diferencias de personalidad, valores o estilos de vida entre usted y su pareja, pero sí pueden aprender a manejarlos de una manera saludable, y de esa forma crear una relación exitosa.
El Dr. John Gottman en sus investigaciones descubrió cuatro modos de interacción que destruyen una relación, los llamó “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Son una metáfora que representa el fin de los tiempos en el Nuevo Testamento. Ellos describen la conquista, la guerra, el hambre y la muerte respectivamente: Crítica, Defensividad, Desprecio y Evasión.
El primer paso para manejar efectivamente el conflicto, es identificar y contrarrestar a los cuatro jinetes cuando aparezcan en las discusiones, con el objetivo de reducir la intensidad de ellos y permitir profundizar en una comunicación auténtica.
En una discusión podemos diferenciar entre una actitud crítica y una queja. Una crítica tiene un carácter global que incluye el hablar sobre el otro con adjetivos negativos que descalifican, culpan, difaman y atacan el carácter o la personalidad. La queja por su parte tiene un carácter más específico, ya que se refiere a una acción o comportamiento determinado que le molesta o que se ha equivocado su pareja. Las críticas tienen un impacto emocional muy corrosivo, dejando al receptor avergonzado, disgustado, ultrajado y humillado. Las oraciones que comienzan con “tú” y siguen con “nunca” o “siempre” están indicando, usualmente, que se está criticando.
Por ejemplo: “Tú eres un egoísta, nunca me escuchas cuando doy mi opinión”. A diferencia de una queja: “Amor estoy molesta porque no has escuchado mi opinión”.
La actitud defensiva suele ser una respuesta frente a lo que es percibido como ataque, acusaciones o crítica. Se está implícitamente culpando en forma indirecta a la pareja e invalidando su queja. Las excusas solo le dicen al otro que no se toman sus preocupaciones en serio y que no nos hacemos responsables de nuestros errores. Quien se defiende no solo responde a la defensiva, sino que también invierte la culpa en un intento de hacer que sea responsabilidad del otro. Se está implícitamente culpando en forma indirecta a la pareja e invalidando su queja, es decir, “el problema no soy yo”. En cambio, una respuesta no defensiva puede expresar aceptación de responsabilidad, admitir una equivocación y comprensión de la perspectiva de su compañero.
Tomando el ejemplo anterior, sería una expresión defensiva si se respondiese: “Que me vienes a decir que soy un egoísta, si tu no paras de hablar y no dejas que nadie de su opinión”.
El desprecio es el peor de los factores en una discusión, ya que envenena las relaciones, “es el ácido sulfúrico” en la relación de pareja. Este implica situarse en una posición de superioridad, en la cual se devalúa, se trata con falta de respeto, burla y sarcasmo, ridiculizando con nombres como: idiota, enferma/o, loca/o, puta, etc., o con lenguaje corporal como: poner los ojos en blanco en un gesto de resignación o bien fruncir el labio, señal universal de disgusto.
Similar al odio, el desprecio puede relacionarse con la indignación y la amargura, creciendo a medida que se va almacenando y alimentando durante largo tiempo pensamientos negativos acerca de la pareja.
Por ejemplo: “No puedo creer que digas tantas estupideces, te creía un poco más inteligente”.
La actitud evasiva tiene lugar en aquellas parejas en que existe un clima violento, donde las críticas y el desprecio crean una actitud defensiva en que uno de los dos se distancia, se retira de la interacción, simplemente deja de responder o lo hace lacónicamente. Tiende a bajar la mirada, pone cara inexpresiva, actúa como si estuviese ocupado y/o, participa en comportamientos obsesivos como si no le importara lo que el otro dice. Generalmente las personas recurren a la evasión como una protección para no sentirse abrumadas. Es una manera de protegerse de la turbulencia y negatividad que causan los ataques de su pareja.
Usada de vez en cuando, esta táctica puede constituir una última defensa para no atacar. No obstante, empleada como norma está reflejando un deseo de escapar más que un intento de aplacar los ánimos y de manejar – resolver lo que les conflictúa. Un ejemplo usual, es decir: “ya”, “ok”.
Una pareja no fracasa por tener desacuerdos vitales, ya que cuando se está inmerso en una relación se necesita comprender estas diferencias y aprender a convivir con ellas honorándose y respetándose mutuamente. El fracaso de una pareja viene determinado por la aparición frecuente del clima violento y la presencia continua de los “cuatro jinetes” (crítica, defensiva, desprecio y evasión). De hecho, podemos ver todos estos factores en una discusión de una pareja feliz y estable, incluso podemos verlas discutiendo a gritos, y no por ello significa que estén en peligro. Ser capaz de identificarlos en las discusiones es un primer paso necesario para no hacerlos un modu operandis en la interacción, sin embargo, conocerlos no es suficiente. Para alejar la comunicación destructiva y los patrones de conflicto, se deben reemplazar por otros saludables y productivos.
La buena noticia es que cada jinete tiene un comportamiento positivo, comprobado, que contrarresta la negatividad en la relación, Gottman los denominó “Antídotos”.
Aprende de ellos en el blog titulado: “Los antídotos que mejoran una relación”.
